19 mayo, 2007

De Silentium

Hoy hablaré de un tema tabú en nuestra sociedad actual, en la sociedad audiovisual, como es el silencio.

En nuestra sociedad del siglo XXI, el silencio ha caído en desuso y tendemos a evitar la aparición del mismo. De hecho, nos sentimos incómodos cuando el silencio se prolonga de manera continuada. Ejemplos de esto tenemos cientos, entre ellos el vergonzoso silencio del ascensor, el de la sala de espera del dentista o el de la incomodidad que sentimos cuando alguien nos mira pero no nos habla (supongo que la miradas a veces son más potentes que la mismas palabras).

A pesar de los avances en todos los campos de la ciencia que hemos llevado a cabo a lo largo del último siglo y en los siete años que llevamos de este, sigue viendose el silencio con miedo, se repudia el silencio. Si estamos en casa solos y estamos, por ejemplo, cocinando, siempre se tiende a encender la radio o la tv, porque parece que nos sentimos acompañados. En nuestra soledad el silencio es un invitado incómodo, al que tendemos a hacer desaparecer.

La ausencia de silencio en la sociedad actual consigue una cosa, y no demasiado buena. La gente no encuentra tiempo para reflexionar, para pensar , para encontrar una comunicación efectiva consigo mismo. Estamos tan inmersos en la marea audiovisual que nos dejamos arratrar por el empacho de imágenes y la vomitona sonora con la que nos bombardean los medios todos los días y desde todos los ángulos. El "personal" rechaza el silencio, se niega el valor comunicativo que tiene el silencio.

Estamos tan sumergidos en la fiesta de color y sonido, en los "dolbisurauns" y en las pantallas planas (cuanto más grandes mejor) que las personas, al no estar familiarizadas con los códigos de este, producen que se considere al silencio como algo incómodo, de lo que hay que alejarse.

Hemos olvidado que a veces es en el silencio donde mejor nos expresamos.

Si no encontramos momento de silencio y recogimiento con nosotros mismos en nuestra vida, no podremos conocernos bien. Debemos usar el silencio para aprender a reflexionar, para aprender a pensar y para conocer a los demás. Se dice que los mejores practicantes del silencio son los filósofos, porque prefieren pensar en vez de hablar. Todos deberíamos ser un poco filósofos creo yo. Muchos de los problemas que tenemos en nuestra sociedad surgen de la falta de reflexión, de la velocidad de nuestro tiempo, del bombardeo de imágenes que no te deja detenerte a pensar. Pasamos por la vida con los ojos abiertos como platos tragando información audiovisual a velocidad luz, sin tiempo para realizar un análisis de nuestro rumbo, una reflexión acerca de lo que nos rodea.

Pensar empieza a estar difícil en nuestros días.

Os dejo con una frase final del filósofo y pensador Friedrich Nietzsche:

- El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio

Un silencioso saludo,
Carlos Oleaga


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